Soy Samuel y soy gay

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Lo supe desde que era niño, tal vez no sabía definirlo como tal, pero había algo en mi interior que lo sabía.

Iniciando la adolescencia, este sentimiento se volvió más consciente, sin embargo, debido a que mis papás son muy allegados a la religión católica, desde niño se me dijo que el ser homosexual está mal, que es antinatural y que Dios me castigaría por ello.

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Crecí con esta idea y cuestionándome el por qué si sabía que estaba mal yo me seguía sintiendo así, Me lo negué, salí con algunas chicas, tratando de convencerme a mí mismo que eso era lo correcto y lo que debía hacer.

No fue hasta los 20 años que realicé un viaje y tuve un “amor de verano” con otro hombre, fueron solo unos días, pero fue algo muy bonito y me siento muy feliz de haberme dado a mí mismo la oportunidad de explorar mi sexualidad y dejar de lado mis miedos e inseguridades infundados por mi familia y la religión.

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De regreso a casa, volví con muchas dudas: ¿Soy gay? ¿Soy bisexual? ¿Debería ignorar lo que sucedió y simplemente seguir con la vida que llevaba? Definitivamente la última no era una opción y ya que había dado el primer paso no podía echarme para atrás, fueron algunos meses en los que seguía preguntándome si soy gay o bisexual, una de mis mejores amigas me sugirió simplemente vivir y que a lo largo del camino encontraría la respuesta.

Salí con algunos chicos y me di cuenta que sí, efectivamente estaba más interesado en los hombres que en las mujeres y fue cuando finalmente lo acepté “SOY GAY” y me dio tanto orgullo poder decirlo sin sentirme mal conmigo mismo, fue un camino largo de autoconocimiento y aceptación del que estoy orgulloso y feliz.

Posterior a mi autoaceptación, vino el proceso por el que la mayoría de los miembros de la diversidad tenemos que pasar, “salir del clóset”. Lo fui compartiendo primero con mis amigos y amigas y afortunadamente, no hubo rechazo por ninguno de ellos, al contrario, siempre me dijeron que tenía su apoyo y amor incondicional.

Después se lo conté a uno de mis hermanos, quién también me brindó todo el apoyo, pero mencionó algo que yo ya sabía: Que el verdadero problema vendría cuando mis papás se enteraran, y así fue.

El día que mis papás se enteraron se desató una discusión muy fuerte, donde ellos se preguntaban qué es lo que habían hecho mal, en qué habían fallado como papás, me llevaron a atención psicológica, con la intención de cambiar mi orientación sexual.

Después de esa discusión vinieron muchas más y en todas y cada una de ellas siempre les dejé en claro algo: Me lo negué por 20 años, ahora que ya lo acepté y me amo a mí mismo, ¡no voy a dar paso atrás!

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Yo prometí ser paciente, sabía que era una noticia fuerte para ellos y que les tomaría mucho tiempo procesarlo. 3 años después de aquella primera discusión, tuvimos la discusión que para mí ha sido la más fuerte, me dejó devastado y con un llanto inconsolable, me hizo darme cuenta que en 3 años no había habido ni un ligero avance con ellos y su posición en cuánto a mi orientación sexual.

Esto me empezó a afectar cada vez más, pasando de estar bien anímicamente a estar en una profunda tristeza de un momento a otro. Me di cuenta que era necesario buscar atención psicológica y empecé e investigar psicólogos para acudir, ya sea yo solo o terapia familiar con mis papás.

En ese proceso descubrí “Yumana”, pregunté y desde el primer momento la atención fue muy buena, mostraron interés en mi caso y en mi bienestar, en todo momento he recibido el respeto que merezco y el acompañamiento que me han dado ha sido increíble.

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Comencé a acudir a terapia yo solo y posterior a algunas sesiones, invité a mis papás a acudir conmigo y aceptaron. 

Sé que este es el comienzo de otro camino muy largo, sé que no está siendo fácil para mis papás, pero también sé que ya ha habido avances en mi relación con ellos y sé que aún puede mejorar mucho más y lo más importante, sé qué con la guía brindada en Yumana, este camino será mucho más sencillo que sí lo hiciera yo solo.

 Samuel